Un chip del tamaño de una cabeza de fósforo es el arma con la que médicos británicos del Hospital King's College de Londres pretenden, por primera vez, devolver la vista de manera permanente a seis personas que sufren ceguera.
En marzo del próximo año realizarán el procedimiento en pacientes no videntes previamente seleccionados, para instalar en sus ojos el dispositivo que ha sido calificado por la prensa inglesa como "el ojo biónico" y considerado por varias revistas científicas como uno de los inventos del año.
El tratamiento se realiza luego del éxito alcanzado por investigadores de la U. de Tübinger, en Alemania, quienes probaron el dispositivo transitoriamente en tres pacientes, quienes lograron recobrar la vista. "Los resultados arrojados son genuinamente impresionantes y representan un importante paso hacia la visión artificial", dice el cirujano Tim Jackson, quien lidera el equipo del Hospital King's College, que iniciará las pruebas en marzo.
Uno de estos pacientes es el finlandés Mikka Terho (46), quien gracias a esta técnica logró recobrar la vista tras 12 años de ceguera. "Fue parecido a cuando uno mira a una persona bucear al fondo de una piscina. No se ve algo nítido, los bordes se ven difusos, pero yo me sentía feliz", cuenta sobre su primera impresión luego de que el chip le fuera injertado. Con el correr de
los días, la calidad de su visión mejoró. Según Walter Wrobel, CEO de Retina Implant, empresa alemana fabricante del dispositivo, "pudo localizar e identificar objetos y leer textos con letras grandes".
Ese es el resultado que esperan lograr en marzo los investigadores británicos, aunque esta vez injertarán el chip de manera permanente en los ojos de sus pacientes, quienes sufren retinitis pigmentaria, una enfermedad hereditaria que se caracteriza por la degeneración de las células de la retina, tejido ubicado en la parte posterior del ojo, que convierte las imágenes luminosas
en señales nerviosas que permiten la visión.
El chip, que consta de 1.500 sensores de luz, es instalado en la retina en reemplazo de las células dañadas. Los sensores adoptan las funciones de estos tejidos, procesando la luz y enviando señales eléctricas a las células nerviosas adyacentes, que transmiten los mensajes a través del nervio óptico hasta la corteza occipital, la parte trasera del cerebro donde se forman las imágenes. "Es como un chip de cámara de video modificado, más o menos similar a los usados en los teléfonos móviles", explica a La Tercera Walter Wrobel, de Retina Implant.
En ocasiones anteriores, otros científicos habían intentado instalar este chip de manera externa, usando lentes como soporte. Este chip es el primero que es ubicado dentro del globo ocular.
El implante servirá para aquellas personas que sufren retinitis pigmentaria y degeneración macular asociada al envejecimiento, pero no para quienes sufren enfermedades como diabetes, glaucoma o cataratas. Aunque aún se encuentra en etapa experimental, Retina Implant planea producir1.500 unidades de este chip.