El día que conocí a Pedro pensé “ va a ser un gran desafío, uno que va a llevar mucho tiempo y trabajo duro”, no sabía cuanto me equivocaba…..

Pedro, llegó al Centro de Rehabilitación acompañado por la única persona con la que mantenía relación en ese momento, su amigo Julio. Estaba muy deprimido, me contó llorando que hacía 4 años que era ciego, tenía familia: madre, 2 hijas, hermanos, pero que estaba distanciado de todos ellos, encerrado en su casa y tenía ganas de terminar con todo.

En nuestra primera clase de Orientación y Movilidad dijo “nunca voy a utilizar un bastón blanco para salir a la calle, me da miedo el bastón, no podría ni siquiera sostenerlo en mi mano”. Como soy de las que piensan que hay que tomar al toro por las astas (aunque la experiencia a veces resulte peligrosa), fui a buscar un bastón y se lo puse en la mano. No le quedó otra alternativa que sostenerlo y ese fue el primer minuto del resto de su vida...

Durante los siguientes encuentros salimos a la calle y comenzamos a trabajar las técnicas básicas del área, su desempeño fue admirable, manejaba el bastón como si hiciera años que lo utilizaba. Además su orientación era perfecta, sabía dónde estaba parado y como llegar a cualquier parte sin desorientarse, conocía el nombre de casi todas las calles de la ciudad y los recorridos de muchas líneas de colectivos.

La tercera vez que nos encontramos dijo “tengo que contarte algo muy bueno, hoy vine solo al Centro de Rehabilitación”, mi alegría fue enorme, muy pocas personas logran tanto en tan corto tiempo, Pedro era especial……

A partir de ese momento el cambio fue asombroso, recuperó el buen ánimo, fue una persona nueva, volvió a tomar las riendas de su vida, ya no dependía de su amigo para trasladarse a todos lados. Tomó el bastón como estandarte y no lo soltó hasta el último día de su vida.

Su transformación fue radical, de ser una persona deprimida que necesitaba ser contenida pasó a ser contenedor de los demás, ayudaba a sus compañeros a recuperar la esperanza.

Retomó la relación con sus hijas, tanto que una de ellas se fue a vivir con él. Organizaba reuniones con sus pares en su casa en donde había música, comida y diversión. Y hasta se puso de novio con una compañera con la que formaron una pareja de baile y hacían presentaciones en eventos sociales.

Egresó de la institución rehabilitado y feliz y vivió el último tramo de su vida dignamente.

Pedro se fue un día de mediados de marzo que fue muy triste para mí, pero me dejó un hermoso regalo de despedida, había dejado instrucciones a su hija de que cuando partiera colgaran en su velatorio algunas fotografías suyas. En una de ellas estamos los 2, se ven nuestras caras felices después de haber terminado una de las clases. Ese fue su último reconocimiento y me honra haber estado entre los seres que él quiso que lo acompañaran hasta el final del camino.

Nunca lo voy a olvidar, este es un pequeño homenaje a su memoria.

Prof. Lilian Pasero